Para muchos padres, el regreso a casa tras la jornada escolar es el momento más difícil.
Es desconcertante que un niño que se portó «excelente» en el colegio, llegue a casa y estalle en llanto por un motivo insignificante.
Este fenómeno se conoce como el «colapso de la tarde», y muchas veces su origen es una sobrecarga sensorial acumulada durante todo el día.
La escuela como maratón sensorial
El colegio es un entorno de alta demanda sensorial: luces fuertes, ruido incesante y reglas sociales constantes. Para un niño con un procesamiento sensorial sensible, mantener la calma durante tantas horas es equivalente a correr una maratón mental. La irritabilidad es la señal de un sistema nervioso saturado que, al llegar a su «lugar seguro» con sus padres, finalmente suelta la tensión.
Señales de alerta en casa
Identificar estas señales es clave para no confundirlas con «mala conducta»:
- Hipersensibilidad: Se tapa los oídos o rechaza el contacto físico.
- Desregulación motriz: Se mueve de forma errática o impulsiva.
- Irritabilidad extrema: «Explosiones» por frustraciones pequeñas.
- Rechazo táctil: Necesidad inmediata de quitarse el uniforme o los zapatos.
¿Cómo ayudar? La Dieta Sensorial
La creación de una «dieta sensorial» es fundamental. Esto puede incluir momentos de silencio al llegar, usar ropa cómoda de fibras naturales o proveer estímulos de presión profunda (como un abrazo fuerte o usar mantas con peso) que ayudan a organizar el sistema nervioso.
La meta es descargar esa tensión de una forma saludable y acompañada.
En Centro Timón, somos especialistas en evaluar y tratar los desafíos del procesamiento sensorial.
Nuestros terapeutas ocupacionales trabajan con las familias para adaptar el entorno.
Si sientes que las tardes son una batalla constante, te invitamos a consultar; a veces, un pequeño ajuste sensorial mejora por completo la convivencia familiar.
