En los últimos años, diversos estudios en neurodesarrollo han demostrado que el movimiento no solo fortalece el cuerpo: también impacta directamente en la capacidad de atención, memoria y aprendizaje de los niños.
En Centro Timón vemos a diario cómo incorporar juego motor en las rutinas puede transformar la manera en que un niño procesa información.
El cerebro infantil está diseñado para aprender a través de la acción. Cuando los niños saltan, trepan, corren o empujan objetos:
- Activan áreas cerebrales relacionadas con la planificación y la toma de decisiones;
- Fortalecen conexiones neuronales que favorecen la atención sostenida;
- Regulan la energía y disminuyen la ansiedad;
- Organizan la percepción corporal y espacial, clave para lectura, escritura y resolución
de problemas.
El movimiento es el puente entre el cuerpo y la concentración.
Los niños que tienen oportunidades regulares de moverse suelen:
- Mantenerse más atentos en clase
- Tener menor irritabilidad o inquietud
- Mejorar su tolerancia a la frustración
- Mostrar mayor claridad al seguir instrucciones.
Incluso pausas cortas de movimiento —2 a 5 minutos— pueden mejorar significativamente el rendimiento académico. No se necesita equipamiento especial. Pequeñas actividades de movimiento pueden marcar grandes diferencias:
- Saltar en el lugar o en un cojín.
- Crear circuitos simples con sillas y almohadas.
- Juegos de equilibrio como caminar sobre la línea.
- Triciclos, bicicletas sin pedales.
- Trepar en plazas o estructuras.
Si observas dificultades persistentes en atención, coordinación, inquietud motora o aprendizaje, un equipo especializado puede ayudar a identificar necesidades específicas.
En Centro Timón contamos con profesionales de Terapia Ocupacional, Psicopedagogía y Psicología Infantil que trabajan el desarrollo integral.
El movimiento no es un “extra”: es parte esencial del aprendizaje. Un niño activo es un niño más atento, regulado y preparado para explorar el mundo.
