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¿Maña o sensibilidad? Lo que hay detrás del rechazo a la comida

Para muchos padres, la hora de almuerzo se convierte en una batalla.
«Es mañoso», «es caprichoso con la comida» o «solo quiere comer papas fritas» son frases que escuchamos a diario.
Pero, ¿y si te dijéramos que el rechazo a ciertos alimentos puede no tener nada que ver con la voluntad de tu hijo?

Más que solo sabor

Comer es la tarea sensorial más compleja que realiza el ser humano. Involucra la vista (colores, formas), el olfato, el tacto (texturas en las manos y en la boca) y, finalmente, el gusto. Cuando un niño rechaza un alimento, muchas veces es porque su sistema sensorial lo percibe como una «amenaza» o algo desagradable:

  • Ese puré que parece «pegajoso».
  • Esa manzana que suena «muy fuerte» al morderla.
  • Ese brócoli que tiene un olor muy intenso.

 

Cambiando el chip: De «comer» a «explorar»

Si obligamos a un niño a comer algo que su cerebro siente como extraño, solo aumentaremos su ansiedad. El truco está en bajar la presión y convertirnos en exploradores:

Tolerar: Que el alimento esté en la mesa, aunque no lo toque.

Interactuar: Que nos ayude a lavarlo o a ponerlo en el plato con una cuchara.

Oler: Jugar a adivinar qué es con los ojos cerrados.

Tocar: ¡Se vale jugar con la comida! Sentir la textura con los dedos es el paso previo a sentirla en la lengua.

💡Recuerda: Cada niño tiene su propio ritmo.
Si sientes que la alimentación está afectando la armonía de tu hogar o la nutrición de tu hijo, en Centro Timón podemos orientarte con estrategias específicas para su perfil sensorial.