A menudo se dice que los padres están para criar y los abuelos para «malcriar». Sin embargo, cuando un niño o niña está en un proceso terapéutico, los abuelos se convierten en una pieza fundamental del rompecabezas. Su amor y sabiduría son el soporte emocional que toda la familia necesita.
El desafío surge cuando las formas de criar han cambiado. «En mis tiempos no existían estos diagnósticos», es una frase común.
Por eso, el primer paso para apoyar es la apertura al aprendizaje.
Aquí te dejamos 3 claves para colaborar desde el amor y el respeto:
- Sincronía con las rutinas: Si en casa se usan apoyos visuales o reglas claras sobre el tiempo de pantalla, intenta mantenerlas. La consistencia le da seguridad al niño.
- El juego como terapia: No necesitas ser experto. El simple hecho de sentarse en el suelo a jugar, seguir el interés del niño y narrar lo que hacen, ya es un estímulo
gigante para su lenguaje y conexión social. - Validación, no juicio: Más que dar consejos sobre «qué se hacía antes» , escucha a los padres. Tu mayor apoyo es ser un refugio de calma cuando el día ha sido difícil.
En Centro Timón, valoramos profundamente este vínculo.
Los abuelos no solo cuidan, ellos dejan una huella emocional que impulsa el desarrollo de sus nietos.
